

Los FPS o fotogramas por segundo indican cuántas imágenes individuales se muestran durante un segundo para generar una imagen en movimiento. Este parámetro, también denominado tasa de fotogramas o frame rate, es fundamental en el cine, la animación digital, los efectos visuales y los videojuegos.
Comprender cómo funcionan los FPS permite tomar decisiones tanto técnicas como creativas en una producción audiovisual. Si quieres especializarte en este ámbito, el Máster en Postproducción Audiovisual y VFX en Madrid y el Máster en Postproducción Audiovisual y VFX online de Creative Campus de la Universidad Europea permiten trabajar con herramientas como Houdini, Nuke, Maya y Unreal Engine y profundizar en composición digital, VFX 3D, motion graphics, corrección de color y renderizado.
Los fotogramas por segundo expresan el número de imágenes que se reproducen cada segundo. Así, una película a 24 fps muestra 24 fotogramas en ese intervalo, mientras que un contenido a 48 fps muestra 48.
La tasa de fotogramas influye especialmente en la representación del movimiento. Al aumentar el número de imágenes capturadas o mostradas por segundo, es posible representar los cambios de posición con mayor frecuencia y conseguir una percepción más fluida y definida.
Los FPS también pueden tener usos creativos. Si una secuencia se graba a una tasa elevada y después se reproduce a una más baja, se obtiene cámara lenta. Por eso, el frame rate no es únicamente una especificación técnica: forma parte del lenguaje visual de una producción.
Los 24 fps se consolidaron como velocidad estándar del cine sonoro y siguen siendo una referencia fundamental en la producción cinematográfica. Antes de la llegada del sonido sincronizado, las velocidades de filmación y proyección podían variar considerablemente. El sonido hizo necesario mantener una velocidad estable para conservar la sincronización entre imagen y audio, y los 24 fps terminaron asentándose como estándar.
Con el tiempo, el público se ha acostumbrado además a determinadas características visuales asociadas a esa cadencia. El desenfoque de movimiento o motion blur y la menor definición temporal del movimiento contribuyen a lo que suele percibirse como una estética cinematográfica.
El HFR (High Frame Rate) consiste en utilizar una tasa de fotogramas superior a la tradicional de 24 fps. El objetivo puede ser conseguir movimientos más definidos, reducir ciertos artefactos asociados al movimiento o mejorar determinados tipos de proyección.
Uno de los primeros intentos comerciales de gran repercusión fue El hobbit: un viaje inesperado, estrenada en 2012 con una versión a 48 fps que tuvo una respuesta muy diversa entre los espectadores. Ang Lee llevó después el concepto más lejos con Gemini Man, rodada para presentaciones de hasta 120 fps.
James Cameron utilizó otra estrategia con las secuelas de Avatar. En Avatar: el sentido del agua, parte del trabajo de postproducción recurrió a TrueCut Motion, una tecnología de Pixelworks que permite realizar motion grading, es decir, ajustar características como el judder y el desenfoque de movimiento plano por plano.
Posteriormente, en Avatar: fuego y ceniza, Cameron volvió a combinar la estética tradicional de 24 fps con secuencias de aspecto HFR, que suponen en torno al 40 % de la película, especialmente en secuencias con mucho movimiento, como escenas submarinas y de vuelo.
Este tipo de propuesta explica por qué el HFR sigue generando debate. Una frecuencia mayor proporciona más información temporal y una sensación de nitidez y fluidez superior, pero algunos espectadores asocian ese resultado con el vídeo o la televisión y lo perciben como menos “cinematográfico”. En lugar de existir una tasa objetivamente mejor, la elección depende del efecto visual y narrativo que se busque
Los FPS y los hercios están relacionados, pero no miden lo mismo. Los FPS indican cuántos fotogramas genera o contiene el contenido cada segundo, mientras que los hercios (Hz) expresan cuántas veces por segundo puede actualizarse una pantalla.
Por ejemplo, una pantalla de 60 Hz puede actualizar la imagen 60 veces cada segundo. Si un videojuego produce más fotogramas de los que el monitor puede representar, no todos podrán mostrarse como imágenes nuevas completas en pantalla.
Por ello, al crear un videojuego se busca un equilibrio entre calidad gráfica, rendimiento y estabilidad de los FPS. Una tasa estable y una buena coordinación con la frecuencia de refresco contribuyen también a la jugabilidad, especialmente en títulos donde la rapidez y precisión de la respuesta resultan importantes.
En postproducción y VFX, la tasa de fotogramas debe definirse y gestionarse de forma coherente durante todo el flujo de trabajo. El material grabado, la línea de tiempo de edición, los planos de efectos visuales y los archivos de entrega tienen que utilizar configuraciones compatibles.
Esto es especialmente importante porque muchos procesos trabajan directamente sobre fotogramas individuales. Un plano de CGI, por ejemplo, puede combinar imagen real con elementos digitales que deben mantener exactamente el mismo ritmo temporal para integrarse correctamente.
Lo mismo sucede al renderizar una animación o un efecto. Una secuencia de diez segundos a 24 fps requiere 240 fotogramas finales. A 48 fps, esa misma duración exige 480. Por tanto, la tasa elegida también repercute en la cantidad de imágenes que deben procesarse.
Cuando distintas fuentes utilizan tasas diferentes, el software de postproducción puede adaptar el material mediante técnicas como la repetición, eliminación o interpolación de fotogramas. Herramientas profesionales como DaVinci Resolve incorporan funciones de flujo óptico (optical flow) para generar movimiento intermedio cuando es necesario.
El caso de Avatar: el sentido del agua muestra hasta dónde puede llegar este trabajo. TrueCut Motion permitió ajustar características del movimiento plano por plano durante la postproducción para combinar la claridad del HFR con una apariencia cercana a la cadencia cinematográfica tradicional.
Porque 24 fps se consolidó como estándar del cine sonoro y su cadencia acabó formando parte de la estética que el público asocia al cine. Las tasas superiores muestran el movimiento con más información temporal y pueden producir una sensación visual diferente.
El HFR es una tasa de fotogramas superior a los 24 fps habituales del cine, como 48, 60 o 120 fps. Puede aumentar la claridad del movimiento y reducir determinados efectos de desenfoque o vibración perceptible.
Los FPS miden los fotogramas por segundo del contenido, mientras que los Hz indican cuántas veces por segundo se actualiza una pantalla. Ambos parámetros influyen en la fluidez percibida, pero describen procesos distintos.